Del 7 al 12 de julio, las parroquias de Hinojosa del Duque, Villanueva del Duque y Pozoblanco han vivido una semana inolvidable de campamento en El Rocío, una experiencia profundamente transformadora para niños, jóvenes y monitores.

En medio de un entorno privilegiado, y bajo la mirada maternal de la Virgen del Rocío, se ha desarrollado una aventura llena de fe, fraternidad, alegría y oración. Un año más, el Señor ha salido al encuentro de los corazones que se abrieron a Él con sencillez y entrega.

Uno de los monitores, Ángel, lo resumía con estas palabras:

“Otro año más hemos tenido la suerte de volver a las plantas de nuestra Madre del Rocío. Con las maletas cargadas y la ilusión intacta llegamos a una casa que nos recibía con los brazos abiertos… Las risas, los cantos y todas las sorpresas han ido construyendo cada momento para el recuerdo. Si algo queremos destacar fue esa adoración donde el mismo Jesús se hizo presente para tocar nuestro corazón. Sin duda, es algo que jamás olvidaremos.”

Las actividades, catequesis, celebraciones y ratos de convivencia han creado un clima de verdadero encuentro con Dios y entre todos los participantes. La adoración eucarística fue especialmente significativa, un momento de profunda intimidad con Jesús que dejó una huella imborrable.

El testimonio de Nora y Ana, jóvenes de Pozoblanco, refleja el impacto que este campamento ha tenido en muchos:

“¿Has sentido que Dios te habla desde el corazón en algún momento? Eso ha sido lo que he sentido este campamento, una experiencia que me ha transformado… Hoy puedo decir con certeza que Dios me ha concedido la paz por la que siempre rezaba. Él siempre será nuestra luz y salvación.”

El campamento ha sido, sin duda, un regalo del Señor, una oportunidad para redescubrir la belleza de la fe vivida en comunidad, la alegría de sentirse amado por Dios y la certeza de que Él camina con nosotros siempre, incluso cuando no lo vemos.

Ahora, con el corazón lleno y el alma encendida, los participantes vuelven a casa… pero no vuelven iguales. Vuelven renovados, agradecidos y con el firme deseo de llevar lo vivido a su día a día.

🙏 Gracias, Señor, por cada instante. Gracias por regalarnos tanto.