El pasado mes de agosto, la Parroquia de La Carlota y sus Departamentos celebraron su Campamento de Verano en el Albergue Diocesano Cristo Rey de Villanueva de Córdoba. Una experiencia marcada por la convivencia, la alegría y, sobre todo, la presencia del Señor entre más de ciento cincuenta participantes de todas las edades.

La cita ha supuesto un momento muy especial: tras veinte años de historia de campamentos en El Rocío y Villanueva, se ha reconocido la labor de quienes, desde el principio, han hecho posible esta iniciativa pastoral que cada verano reúne a niños, adolescentes, jóvenes y adultos en un mismo espíritu de fe.

Testimonios que hablan del corazón del campamento

Para Toñi Cardoso, voluntaria de cocina, la experiencia ha sido profundamente emocionante:

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Han sido más de ciento cincuenta personas reunidas en su nombre y se ha notado la presencia de Jesús en cada momento. Niños y adolescentes disfrutando, monitores entregados, nuestro párroco acompañando en todo, y los adultos sirviendo en cocina, donde también se respiraba Su presencia. Como decía Santa Teresa: ‘también entre los pucheros anda el Señor’. Mi valoración es muy positiva y tenemos que seguir preparando a los más pequeños para que el año que viene sea todavía mejor. ¡A por el veintiuno!”.

Por su parte, Begoña, acampada, compartía un testimonio lleno de fe y gratitud:

“En 2019 fui una niña más en el campamento, pero el campamento no pasó por mí. En 2023, gracias a una amiga, volví y fue una experiencia inolvidable: conocí nuevas personas y el Señor me aclaró todos mis problemas. En 2024 regresé y entendí que ‘el que no vive para servir, no sirve para vivir’. Este 2025 ha sido un tiempo de nostalgia y gratitud. Aunque parecía una despedida, sé que en 2026 volveré como monitora, preparada para dar lo mejor de mí a los demás. El campamento es como una familia: aunque no nos veamos cada día, el cariño permanece igual”.

Una comunidad en camino

Durante estos días, los participantes han compartido juegos, dinámicas, formación, oración y sacramentos, con la Eucaristía y la Reconciliación en el centro de la vida del campamento. Todo ello en un ambiente de fraternidad que ha permitido a pequeños y mayores descubrir la alegría de vivir la fe en comunidad.

El balance de este campamento es más que positivo: una auténtica escuela de vida cristiana que ha dejado huella en quienes han participado y que ya mira con ilusión al próximo año.