Del 16 al 21 de julio, los jóvenes de Benamejí, Encinas Reales y Jauja vivieron una semana inolvidable en el campamento parroquial celebrado en Villanueva de Córdoba, una experiencia organizada con el apoyo de Gaudium y marcada por la convivencia, la fe compartida, el juego y la emoción.
Durante estos días, niños, monitores, sacerdotes y familias crearon una auténtica comunidad en la que cada actividad —desde los juegos, veladas y excursiones, hasta los momentos de oración y celebración— fue una oportunidad para crecer, reír, reflexionar y encontrarse con el Señor.
Jesús Prieto, uno de los monitores, nos compartía su experiencia al volver a casa:
*“Tras unos días muy intensos, valoro esta experiencia como algo muy gratificante. Me ha permitido acercarme un poco más al Señor, aunque no me encuentre en mi mejor momento con Él.
He conocido a un equipo humano increíble, con valores y una dedicación admirable hacia los niños. Las actividades fueron divertidas, creativas y muy cuidadas.
Y de los niños y niñas… qué decir. Me han recordado por qué amo mi profesión como docente: transmiten vida, alegría y hacen que todo tenga más sentido. Gracias a todos por estos días que siempre quedarán en mi corazón. El año que viene, ¡más y mejor!”*
También María José, una de las acampadas, quiso expresar lo vivido con emoción y gratitud:
*“Los días antes del campamento los viví con muchísima ilusión. Al llegar estaba nerviosa, pero pronto descubrí todas las sorpresas preparadas por los monitores.
Vivimos actividades de agua, juegos, veladas increíbles y momentos de fe que me llenaron el corazón. En el Adoremus sentí que de verdad me había acercado a Dios, y fui la niña más feliz del mundo.
La última noche, después de la fiesta, fue muy especial: despedidas, abrazos, lágrimas… Sabía que llegaba el final, pero todo había merecido la pena.
¡Gracias, campamentos Gaudium, por esta experiencia tan maravillosa! Siempre volveré.”*
Sin duda, este campamento ha sido mucho más que unos días de verano: ha sido un espacio para crecer, compartir y vivir con intensidad la fe, rodeados de alegría, amistad y acompañamiento.
Agradecemos a todos los que han hecho posible esta experiencia: sacerdotes, monitores, matrimonios, voluntarios y a cada niño y niña que ha puesto su corazón en esta aventura.



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