Del 27 de julio al 1 de agosto, la Hermandad del Rocío de Montoro celebró una nueva edición del campamento “Da el Paso”, una experiencia que ha dejado huella en todos los participantes. Niños, jóvenes y monitores compartieron seis días intensos marcados por la convivencia, la alegría y, sobre todo, por una vivencia profunda de la fe.

Desde el primer día, se respiraba un ambiente acogedor y alegre, fruto del cariño y la dedicación con la que el equipo de la Escuela Gaudium prepara cada detalle. No se trató solo de rezar o formarse, sino de vivir la fe de una manera cercana, auténtica y alegre. El campamento se convirtió en un espacio donde Dios se hizo presente en lo cotidiano: en una conversación, en un juego, en una catequesis o en una oración al aire libre.

Testimonios que hablan por sí solos

Nerea, una de las acampadas, expresó con emoción cómo vivió esos días:

“Lo que muchos piensan que es solo un campamento religioso, para mí fue mucho más: amistades nuevas, recuerdos imborrables, momentos que marcan. Aprendí a encontrar a Dios en cada detalle, en cada persona, en cada actividad. Todo estaba preparado con cariño. Gracias a Gaudium, cada verano se convierte en una oportunidad de vivir algo inolvidable.”

Por su parte, Alfonso, uno de los monitores que vivía por primera vez esta experiencia, compartía su gratitud:

“Llegué con muchas dudas, sin haber participado antes como acampado. Pero pronto comprendí la grandeza de este campamento: el compañerismo entre monitores, el trabajo silencioso del equipo de cocina, la vocación del equipo coordinador, y sobre todo, la fe viva de los niños. Fue el año de mis primeras veces: primera catequesis, primera velada, primer Adoremus, primera Eucaristía frente a la Virgen del Rocío… Momentos que nunca olvidaré.”